En el artículo de Javier Marías (7.2.16) en El País Semanal, se recoge la idea perversa que está tan difundida de que la expresión de opiniones y valoraciones críticas con alguien no debe llevar al cuestionado a ningún tipo de reacción que no sea la conformidad y el silencio respetuoso. De ahí que cuando Savater sigue criticando a los que durante tanto tiempo le han obligado a llevar escolta y sufrir todo tipo de amenazas, sin perdornar a los que causaron esas tropelías, ahora se le acusa de ser rencoroso, vengativo, crispador…

Se ha extendido la extrañísima idea no ya de que se puede decir -e incluso hacer- lo que se quiera, sino de que eso no debe tener consecuencias. Y si el ofendido obra en consecuencia, entonces es un intransigente y un exagerado.

Vaya este alegato de Marías contra la impunidad ante lo que se dice y se hace, como un homenaje a Savater, que en este asunto de la denuncia política siempre ha dicho y ha hecho de manera impecable, según mi opinión.

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