En El País del sábado 9 de abril de 2016 (Revista sábado, p. 5) me encuentro con la historia que origina la muerte a los 40 años del actor de la serie A todo gas (que yo no he visto), y la demanda presentada por su viuda para que la hija común de ambos herede 9 millones de $. La persona demanda es quien conducía el coche a una velocidad entre 128 y 150 km/h., Roger Rodas que también murió en el accidente (la suma se reclama al seguro, claro).

La familia de la hija (que ya tiene 18 años) no está de acuerdo en esa cantidad porque “solo cubre una pequeña fracción de lo que su padre habría ganado como estrella internacional de cine”. La marca del coche Porsche ha quedado libre de culpa (supongo que la velocidad tiene que ver) con lo que la demanda se centra en el conductor.

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Nada sabemos de lo que en mi opinión es más inquietante: una hija que se queda sin padre, sin experiencias comunes, sin referente, pero que tendrá millones de $, que es lo que su padre habría ganado como estrella internacional de cine. Pero no es tanto el asunto humano, sino la idea de cómo en EE.UU. todo pasa por los tribunales…, en busca de dinero.

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