Juan Tallón escribe hoy en El País un estupendo artículo en el que disecciona con claridad y sin tapujos esa parte irracional e inconsciente que anida en nosotros y que encuentra una canalización descontrolada (y de alguna manera justificada) en las gradas de los estadios donde seres humanos envalentonados por la invisibilidad que da el anonimato lanzan mensajes vergonzantes o gritan desaforadamente como si estuviese ocurriendo algo épico y absoluto. Porque el fútbol, concluye Tallón, es “después de todo, un asunto sin importancia. De hecho el asunto sin importancia más importante de nuestras vidas”.

Me agrada especialmente esa propuesta en la que los individuos de esa masa se individualizan en la agresión lanzando a los cuatro vientos su nombre, dirección y afiliación, para atreverse a insultar individualmente al árbitro, negro o extranjero que toque en ese momento. Pero esto es lo que no ocurre, ¿verdad?

Estas son las páginas deportivas que me gustan.

 

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