La idea es que viajar, además de ensanchar tus horizontes personales, hace que tu moral se resienta. Al menos eso dice un estudio reciente de la INSEAD, una exclusiva escuela de negocios que demostró que los alumnos extranjeros de las universidades públicas norteamericanas hacían más trampas que los alumnos nacionales. El asunto no parece ser el nacionalismo sino el haber viajado más o menos.

Una conclusión del estudio es que para fomentar las “conductas inmorales”, los viajes a varios países son mucho más efectivas que las permanencias largas en un solo país por muy alejado que esté. Sin duda que el asunto tiene que ver con el relativismo moral que surge de tanto viaje y tanto código moral diferente (si una viaja mucho conoce muchas reglas morales distintas, con lo que se llega a la conclusión de que no hay imperativos absolutos, algo que sin duda viene bien a este tipo de escuelas de negocios donde se enseña a ser muy práctico y muy pragmático).

Y llegamos a la conclusión contraria al intelectualismo socrático: cuantos más países ha visitado o conocido uno, más posibilidades tiene uno de ser laxo o relajado con las reglas morales.

El artículo aparece en el Pais Semanal del 12.3.17.

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