Unas semanas después del triunfo de E. Macron en las elecciones a la presidencia de Francia, me encuentro con un artículo de El País en el que se hace referencia al pasado filosófico del personaje, que tuvo la suerte de trabajar con Paul Ricoeur a comienzos de la primera década del siglo. Colaboró en la aparición de La memoria, la historia, el olvido, obra en la que, según Ricoeur, aportó una crítica pertinente de la escritura y la puesta en forma del aparato crítico”.

El artículo bucea superficialmente, ya sabemos cómo es la prensa, en el manido debate de si los filósofos pueden ser buenos políticos y viceversa, para acabar cuestionando la figura de Macron como filósofo, del que únicamente se puede decir que tiene formación filosófica.El candidato a las presidenciales de Francia 2017 por En Marche!, Emmanuel Macron.

 

Quienes le defienden le ven como un  traductor de los conceptos filosóficos en herramientas de acción política. Pero para otros como el exdirector de Esprit, Olivier Mongin, lo que le queda de su encuentro con Ricoeur es una capacidad de analizar y argumentar potente, unos buenos fundamentos para argumentar desde la cultura y la literatura desde donde tomar ideas para aplicarlas luego de manera pragmática.

También fue novelista, privado, desconocido.

En un comentario fácil, se puede concluir que no debió calarle mucho el asunto pues finalmente se instaló en la Escuela Nacional de Administración, vivero de la clase dirigente francesa.

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