Lúcido y claro aparece en un breve artículo  en Babelia Francesc Arroyo haciendo un rápido repaso de las tesis claves en este debate.

Desde la Ilustración el sueño del progreso y la mejora en la vida humana nos acompaña como un lugar irrenunciable, siempre buscando un sitio humano más feliz, menos doloroso, más luminoso. Desde Kant y Hegel hasta Fukuyama así ha sido.

En su lectura política, ha sido el marxismo quien más claramente ha defendido esta idea de progreso, y también el capitalismo con esa unión mágica entre libertad y ciencia que daría lugar a sociedades opulentas en todos los sentidos.

Interesante el citar aquí la figura de la gran excepción que representa Schopenhauer en esta ciega confianza en el progreso.

Pero la crisis del petróleo, el planteamiento del problema ecológico con toda su crudeza (un planeta que no puede más) y la evolución del socialismo real, dieron al traste con los sueños marxistas y capitalistas simplistas.

Tanto luchar por la inmortalidad las generaciones pasadas y ahora que la tenemos al alcance de la mano parece que no merece la pena quedarse en un mundo que es feo, sucio e inhóspito (Manuel Cruz).

Es la figura de Walter Benjamin quien se alzó contra esa visión ingenua del progreso por  el progreso. Resultado de imagen de walter Benjamin

Benjamin es el inspirador, dice Arroyo, de estas nuevas visiones que alertan sobre la tentación de basarlo todo en un futuro pluscuamperfecto. Y en su línea autores como Giorgio Agamben y Giacomo Marramao, en Italia, y Juan Ramón Capella en España, quienes comparten un cierto pesimismo incapaz de renunciar a la esperanza.

Bibliografía:

Manuel Cruz. Ser sin tiempo. El ocaso de la temporalidad en el mundo contemporáneo. Herder.

Juan Ramón Capella. Entrada en la barbarie. Trotta.

Robert Nisbet. Historia de la idea de progreso. Gedisa.

I. Kant. Ensayos sobre la paz, el progreso y el ideal cosmopolita. Cátedra.

 

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