Podríamos resumirla en que las máquinas no dan la felicidad, tal y como L.F Moreno Claros apunta en el título de su recensión de la obra de JüngerLa perfección de la técnica (no confundir con su hermano Ernst Jünger.

Es un anticipo al discurso que luego autores como Jaspers o Heidegger, el propio Ernst Jünger, H. Jonas, plantearon relacionando la deshumanización del hombre con el desarrollo de la técnica, tal y como el adelantado mito de Frankestein ya analiza.

La felicidad humana no avanzará a medida que avance la técnica, es decir, no está claro, si no andamos vigilantes, que eso ocurra necesariamente. Frente a la utopía de Moro y Campanella que veían en la mejora de la vida cotidana la fórmula para la felicidad humana, las distopías de gente como Orwell o Huxley, o Evgeni Zamiatin, niegan la tesis optimista rotundamente.

Recojo aquí el párrafo que me parece más sugerente:

“…la felicidad no se encuentra en las máquinas, ni en mundos en extremo organizados. Es falso… que las máquinas simplifiquen el trabajo del hombre, más bien sucede lo contrario: lo cargan de obligaciones y lo encadenan”.

Además la técnica desertiza cada vez más el paisaje humano e incluso nos quitan tiempo de ocio verdadero (seres de toda condición ordenando miles de fotos, atendiendo millones de mensajes cortos y riendo de cientos de banales mensajes digitales).

El paisaje técnico es inane, y su fruto más truculento es la ciudad tomada por lo mecáncio, deshumanizados lugares si no le ponemos remedio.

¿Otro apocalíptico?

 

 

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